Expedición

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He perdido al ping-pong. A quién se le ocurre retar a una señora china a jugar a once puntos. He perdido 11-4.

El árbitro taiwanés, muy casero, más que las magdalenas de una abuela. Es de Hualien en la costa este de Taiwan.

El hijo de la mujer china estudia en Madrid por tres años. Lleva uno.

Después he charlado con una chica de Texas que enseña inglés en el centro como profesora interna. Osea que vive allí, en la isla de Chongming. También había hoy otro chica francesa que colabora y visitaba el centro. Hace lo que haya que hacer. Con ella he fregado los platos tras la comida. Eramos muchas manos para lavar, recoger y secar.

Un señor con su hijo. Varios niños con su madre que han abandonado el lugar en tricilo,

y la Ayi, la verdadera jefa, la que ordena y manda, la que me ha ayudado a recoger el esqueje de menta y las margaritas que ya están en casa.

Esta claro!

Lo primero que hay que hacer para aprender es rodearse de personas que te enseñen. No por viejo se es sabio, ni por joven ignorante. Mis pequeños profesores me enseñan que el camino es duro pero que si hay deseo se puede alcanzar el final.

Mis profesores lo dan todo y no piden nada a cambio. Saben, saborean cada día, como un regalo.

Chicos! siento que no podré devolver ni una minúscula parte de lo que dais.

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Hoy he pasado un gran día con los chavales, revisando las bicicletas que nos van a servir este verano para la Expedición. Si, con mayúsculas, va a ser una Expedición en toda regla.

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