Relato épico

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Escribir en internet es competir contra millones de aventureros escritores. Todos ellos buscan atraer al lector.

Para conseguir ese propósito nuestro escrito debe incorporar, – una introducción que incite a la tensión, – resaltar que es una aventura original, – comenzar con el momento de mayor tensión vivida, – crear duda en el lector, curiosidad de seguir hacia delante. Y por último e importante también – obviar los datos que resten importancia al relato.

Hoy he ido a la compra, al mercado de frutas que esta a la vuelta de la esquina. Aquí os dejo la crónica:

¨la luz verde del semaforo torno roja y la avalancha de automóviles asemejaba a una manada de ñus frente a los cocodrilos que esperaban en el río.

El camionero no me había visto, se concentraba en pisar el acelerador sin percatarse del peatón que luchaba por alcanzar la otra orilla. Del cigarro cayo el capullo, rojo sangre, encendido entre sus piernas, el móvil tarareaba una sintonía perdida en la alta música de la radio. El camión avanzaba con sus más de 10000 kilos hacia el peatón. Este debatía entre seguir o volver. Hubieran bastando dos segundos más y el peatón hubiera sido convertido en ceniza si el taxista no hubiera frenado para recoger a la chica que con el brazo en alto reclamaba su atención.

Con la respiración acelerada, el sudor corriendo por la espalda, he entrado en el mercado sin percatarme de que el suelo resbalaba. Una mezcla de jabón, abrillantador, aceite del restaurante y vertidos varios formaban una mezcla, un pasillo donde resbalar y morir. Un último escollo antes de llegar al puesto, a la cumbre y conseguir el objetivo. Sin objetivo cumplido no hay relato, nadie quiere leer la historia de un perdedor.

La señora me miraba, con la báscula en una mano y la calculadora en la otra, sin hablar mi idioma me ha ofrecido su mercancía, no poder entablar relación con el cliente no es sinónimo de no poder vender. Su verduras esconden productos nocivos, aerosoles, productos químicos, bacterias, insectos minúsculos, virus y enfermedades tropicales envasadas en cajas de cartón.

Se ha producido un regateo incomodo. Momentos de tensión como cuando el vendedor de al lado venía hacia a mi cuchillo en mano, para ayudarme aunque yo pensaba que por su sonrisa maléfica quería rebanar mi cuello. 15 minutos más tarde la tormenta había pasado. Tomates, patatas, boniatos y zanahorias eran mi presa.

Al volver, viajar sin seguro medico te expone al peligro, un gato ha estirado su garra para sin éxito alcanzar mi pierna, una herida mal curada puede ser sinónimo de un deterioro prematuro de la salud. No tenía agua. No tenía móvil. Cualquier error de sincronización hubiera supuesto un grave error.

En la escalera esperaba un último peligro. No hay nada fácil en ser aventurero. La fe en seguir adelante nubla el peligro. Un cable colgando, watios esperando un cuerpo conductor para descargar toda la rabia contenida. Una chancla que tropieza, mi cuerpo cayendo al vacío y la mano que se posa dos microcentímetros a la derecha del cable pelado.

Cierro la puerta de casa. Una gran aventura que contar.

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