Dios de la Agricultura

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Jesus no nació en diciembre. Me parece improbable que los pastores duerman a la intemperie con temperaturas bajo cero y en época de lluvias. En el año 350 el Papa dijo que el 25 de diciembre se celebraría la Natividad.

Saturno era el Dios de la Agricultura. Sigue siendo.

En su honor se celebraban bacanales, en torno al 17 y el 23 de diciembre, que proclamaban el fin del trabajo en el campo. Atrás quedaba la época oscura del año. Se ofrecían grandes banquetes, intercambio de regalos y la esperada llegada de Sol Invictus (25 de diciembre).

Fue cosa del Emperador Constantino El Grande, hace unos 1700 años, quién hizo coincidir las fiestas que representaban sus diferentes tribus. Paganos y cristianos. Puestos a celebrar, comer y beber pocas religiones se sienten distanciadas.

Globalización de la fiesta. Inicios del marketing hace ya casi dos mil años. Ahora en esta época actual poco queda de Saturno, del buey y de la estrella fugaz. Ya no hay oro, incienso y mirra.

Ahora la Navidad empieza justo después de ThanksGiving, y acaba cuando llega San Valentín o la Pascua.

Los gorros de Navidad reemplazan a las calabazas del último día de octubre. Este año voy en Navidad a casa.

En Shanghai la Navidad esta que hierve. Solo faltan las panderetas y alguien a quien dar el aguinaldo. Lo demás esta todo.

La razón, muy simple. En la época navideña los extranjeros vuelven a Europa o America con lo cual se hace imprescindible adelantar las fechas. No es raro asistir como yo el 28 de noviembre a la cena de Navidad del club de ciclismo o que un día si y otro también lleguen al móvil anuncios de extraordinarios acontecimientos que pasando por caja uno no puede dejar pasar de largo.

Durante estas fechas he intentado organizar un mercado de trueque donde el intercambio sea de productos y no de divisas. No ha sido posible. Los chinos no lo entenderían ha sido la última frase de quien me prestaba el local. Al poco rato me ha ofrecido alquilar el local, en ese poco espacio de tiempo los chinos si lo entenderían. Parece raro que depende si pago o no pago por el local el éxito o el fracaso.

En fin, que no ha sido posible y lo que en mi mente se intuía como una celebración alternativa al incesante gasto social navideño ha sido un fracaso más. Un tiro al aire. Vocear en el desierto .

Me siento como un náufrago. Un náufrago que tan solo se ha de preocupar por los bienes de primera estancia. De tal manera que organiza su tiempo en función de la obtención de esos productos. Donde el consumidor y el vendedor son la misma persona. Donde no hay razón para la especulación. Un náufrago que vuelve a casa por Navidad.

Plinio el Jovén (63-113) cuenta que se aislaba en unas habitaciones de su Villa Laurentina: “Especialmente durante la Saturnalia, cuando el resto de la casa está ruidosa por la licencia de las fiestas y los gritos de festividad. De esta forma, no obstaculizo los juegos de mi gente y ellos no me molestan en mis estudios”.

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